25 de marzo de 2009

Para mi Padre Celestial




¡Oh Dios misericordioso! Que desde lo alto de los cielos cuidas mis pasos.
Hoy pongo en tí toda mi confianza y mi ser completo
para que lo encamines por la mejor senda,
aquella que llega hasta tu reino.

Dios Padre Todopoderoso
Ilumíname siempre de tu eterna gracia
y aparta de mi las tentaciones,
esas que corrompen mi espíritu
y sobre todo mi Fe.

Sé Tú acompañandome siempre
hasta en los caminos más oscuros
Junto con María, mi madre piadosa,
y mi Angel custodio.

Quiero entregarte, además, todas mis acciones.
Ellas irán dirigidas para el agrado tuyo
tratando de seguir fielmente los mandamientos
que Moisés nos enseñó,
y que tanto te complacen.
Quiero ser tu hija obediente
como la Santísima Virgen María,
que llena ha sido de gracia
por su constante amor y fidelidad hacia tí.

Desde hoy quiero ser oveja de tu rebaño,
que al no ser rebelde, no se aparta del cuidado de su Pastor.

Este es el camino que quiero seguir...
Aquel camino lleno de felicidad y amor fraterno,
el que me lleva directo hacia las puertas del cielo.

He de procurar vencer al demonio día a día,
y no pecar más.
Ser ante vuestros ojos la hija amada,
siguiendo los pasos de Jesucristo
cuando nos iluminó aca en la tierra con su venida.

LLéname de tu palabra
que ha de ser el pan de cada día.
Quiero aprender de tus enseñanzas
y convertirme en instrumento tuyo acá en la tierra.
Doblar los talentos que se me han dado,
para poder pagarte además con intereses,
el día en que haz de venir en busca de los escogidos.

He de compartir tu palabra,
para crear el interes de otros en seguirte
y tener la dicha de recibir tan hermosa bendición
así como yo la he recibido de tí.

Gracias te doy, Oh Señor mío, de todas estas cosas que me haz dado.
Por llenarme de bendiciones, por amarme tanto,
por limpiar mis pecados con tu sangre preciosa y bendita,
y por no dejarme alejar, a pesar de haber perdido alguna vez la Fe.

Alabado sea el Señor Altísimo en su infinita Gloria.

Gloria al Padre,
Gloria al Hijo,
Gloria al Espíritu Santo.
Como fue en un principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos.
Amén.

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