3 de octubre de 2011

Isa y Magda (Parte Primera)


Agarré un papel roñoso que encontré por allí. Es tan roñoso que nadie se dará cuenta que está escrito y es mejor así, esto nadie puede saberlo.
¡Ayer salí con la Isadora! Hace tanto tiempo que no la veía - la echaba de menos.
Me llamó temprano en la mañana para organizar la salida y yo casi estallé de la emoción.
A Isadora la conocí en el Liceo de niñas, cuando eramos muy jóvenes y permanecimos en ese liceo hasta que nos licenciamos de Cuarto Medio. Eramos amigas inseparables, de esas que hacíamos todo juntas y no hacíamos nada sin consultarle a la otra. Yo nunca le confesé que ella me gustaba.

Desde que la ví, ese primer día de clases, sentí una atracción por ella y no sabía lo que era, porque era muy chica para entenderlo. Ella, con su pelo color caramelo, liso, con trenzas - aún lo recuerdo - sus ojos verdes, sus labios rosados, carita llena de pecas, su delantal cuadrillé azul, sus zapatitos bien lustrados, su bolsón de cuero con un gran listón rojo pegado en una costura; era tan menuda... me provocó ternura. Decidí que ella sería mi amiga y me senté a su lado. Olía tan bien y hasta hoy sigue usando esa agua de colonia de violetas. Desde aquel día, mi vida cambió por siempre.

-¿Magda?
-Sí, con ella.
-Hola, Magda, soy yo, ¡Isadora!

Quedé atónita. No esperaba tal sopresa.

-¿Isa? ¡No lo puedo creer!
-¡Créelo, galla! Oye, te llamaba para raptarte mañana. Sí o sí nos tenemos que ver. ¡Tengo mil cosas que contarte!
-Obvio que sí. Tú dime dónde y a qué hora y yo aparezco.

Nos juntamos en la boletería del metro Baquedano. Apareció por las escaleras que dan a la 'Plaza de los puntuales', toda hermosa, radiante, con su pelo color caramelo y sus pequitas divinas. Corrí a abrazarla y me hundí en su pelo con olor a violetas. No quería soltarla, pero tuve que hacerlo.
La miré por mucho tiempo -espero que no haya notado mi cara de tonta- y ambas gritamos de emoción. La gente nos miró como diciendo 'par de lesas', pero no nos importó, mucho menos a mí que yo estaba en la luna.

La tomé por el brazo, para salir juntas en dirección al Cerro San Cristóbal. El contacto con su piel, tan suave y tersa, hizo que la mía se pusiera de gallina. ¿Seré muy notoria?. Isadora me sonrió -¡hermosa!- y nos fuimos conversando todo el camino. Me contó de lo que había hecho durante el año que no nos habíamos visto: había entrado a estudiar diseño, como siempre lo había soñado; había pololeado con un chico de su universidad -lo odié inmediatamente- pero que luego habían terminado, porque el tipo era un pesado engreído -¡bien!-; se había mudado, de su casa en Ñuñoa a un departamento a Providencia con su padre y que su madre por fin la había dejado fumar tranquila.

Llegamos al Jardín Botánico y nos escondimos entre los árboles y plantas. Encontramos un lindo mirador que daba al sector oriente de la capital y allí la Isa abrió una manta que traía en el bolsón y la tendió en el pasto. Nos recostamos mirando el cielo, yo bien pegada a ella, porque no quería dejarla ir nunca más.

De vez en cuando la Isa cerraba los ojos y yo aprovechaba para mirarla a mis anchas. Sus labios, me provocaban besarlos, rozarlos con la punta de mis dedos, acariciar su pelo y hundir mi cabeza entre sus pequeños pechos.

Yo nunca he tenido pololo. Desde que conocí a la Isa supe que algo raro pasaba conmigo. Me reproché muchas veces esta atracción, porque no era normal, para mí, que me gustara una chica. Tenía tan solo 14 años cuando asumí que prefería una niña que un niño.
Oportunidad de estar con un hombre, he tenido. Cuando entré a la Escuela de Arte, un chico se fijó en mí: Federico. Él trató de conquistarme, a través de lo mejor que sabíamos hacer, la pintura. Su primer retrato en la Escuela fue uno mío, hecho a escondidas mías y para el día que se realizó la exposición, lo presentó, me lo dedicó y me lo regaló. No puedo negar que Fede es buen mozo. Muchas de las chicas de la Escuela andan detrás de él, pero al parecer, el tenía sólo ojos para mí. Me decaró su amor como 5 veces y las 5 veces lo rechacé. Una vez me invitó a leer poesía a la Quinta Normal y me robó mi primer beso. No me gustó. Pronto se dio cuenta que yo no gustaba de los hombres, cuando vió un cuadro mío donde salía una pareja de mujeres besándose y decidió olvidarme.

-¿Porqué estuvimos separadas tanto tiempo?- Le pregunté a la Isa.
-No lo sé. Creí que tus estudios te quitaban mucho tiempo.

Me di vuelta para mirarla completa.

-Pero nunca llamaste, hasta ayer. Yo intenté llamarte a la casa, pero como no sabía que te mudarías, nunca di contigo.

Me miró con cara de culpa y pena.

-Pucha, Magda, si te lo digo, te puedes enojar.
-No creo, dímelo, si nosotras nos contamos todo, ¿no?
-Sí, es verdad.- Hizo una pausa. Con su mano tomó el mechón de pelo que yo tenía en la cara y lo puso suavemente detrás de mi oreja derecha. Creo que enrojecí. -Mi mamá me había prohibido juntarme contigo.
-¿Porqué?- La miré horrorizada.
-¡Pero no me mires así! si yo no quería... Tú eras... y yo... mi madre supo... y...- Se puso a llorar.
La abracé fuertemente y le acaricié su pelo hermoso, luego le extendí mi pañuelo y ella se limpió los ojos.

-¿Qué pasó, Isa?
-¡Prométeme que no te vas a enojar!
-¡Te lo prometo!
-¡Y prométeme que no dejarás de ser mi amiga, porque yo me muero!
-Te lo prometo, Isa, te lo prometo con todo mi corazón.

¿Qué podía haber pasado, para que ella se pusiera así? Pronto lo sabría...

Isadora se acercó a mí, tanto que lo creí irreal, apoyó su cabeza en mi hombro y procedió.

-Madga, mi mamá leyó mi diario de vida a espaldas mías y se enteró de algo que no le gustó para nada.
-Ya. ¿Y puedo saber qué era?

Se incorporó ahora para mirarme fijo y con su mano tomó mi rostro.

-Me gustas. De eso se enteró.

El mundo comenzó a dar vueltas. ¿Era verdad lo que le acababa de decir? o ¿Yo estaba soñando?,¿Yo, gustarle?, ¿YO?. No podía creerlo.

-¡Magda, reacciona!, oye, ¿te enojaste?
-¿Ah? eh, no, o sea... no, Isa... Yo...

Entonces se acercó a mí otra vez y me abrazó fuerte. Sentía sus uñas clavadas en mi espalda y ahí estaba ella, aferrada a mí, como siempre lo había soñado, pero yo no podía creerlo. Era mía.

-Me has gustado siempre, desde que nos conocimos...- me dijo en un susurro - ...y yo escribía todos los días de ti en mi diario. Mi madre, extrañada por que yo no le hablaba sobre muchachos y sólo hablaba de ti, sacó mi diario a hurtadillas y confirmó sus sospechas. Su indignación fue tanta que se lo contó a mi padre y ambos decidieron que debía alejarme de ti, porque no podían tener una hija lesbiana. Creyeron que alejándome de ti, a mí se me pasaría este amor, pero no lo lograron. Yo siempre te he querido, nunca he dejado de pensar en ti, ¡y todo este tiempo lejos ha sido una tortura! Pero ya no más. No soy una niña y he decidido asumir mis sentimientos. Te quiero, Magda, te quiero más que una simple amiga y te querré aunque tú no sientas lo mismo...
-Isa...
-... Espero que no te enojes conmigo. ¡Tú me lo prometiste! No puedes enojarte conmigo, porque yo me moriría si me dejaras sola por lo que te he contado...
-Isa...
-... y no quiero volver a perderte.
-Isa, ¡escúchame!

Ella me miró con sus ojos verdes llenos de lágrimas y haciendo pucherito. Le tomé la cara con mis manos y le sequé sus lagrimones. Se veía tan hermosa...

-Isa, nunca voy a dejarte, ¿me oyes? ¿Cómo voy a dejarte, si yo siempre te he querido?, ¿Cómo voy a enojarme, si es lo más hermoso que me has dicho en la vida? ¡Isadora, tú me gustas desde siempre!
-¿De verdad?- en su boca se esbozó una sonrisa.
-¡Claro que sí, tontita! Eres lo más lindo que he visto en la vida. Yo estoy enamorada de ti...

Nos abrazamos por más de media hora. Creo que ninguna de las dos quería soltarse de la otra. Era una noticia demasiado maravillosa. Por fin podría demostrarle todo el amor que le he tenido todos estos años...

Isadora tomó tímidamente mi mano y la posó en su cara. Le hice cariño, tal como me lo pedía con su bella mirada y le besé lentamente la mejilla...
Sus labios, tan cerca...

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