21 de noviembre de 2015

Mis Amores: O


“El amor nunca tiene razones, y la falta del amor tampoco. 
Todo son milagros”. 
Eugene O’ Neill 



A 'O' lo conocí de pequeña. Era un vecino de la villa. Nunca le presté atención. En esos años yo sólo fantaseaba con muchachos que no podía tener, amores platónicos que llenaban mi cabeza de cursilerías, romanticismo inexperto de una chiquilla de tan sólo 14 años. 

Por supuesto que desde muy niña me llamaron la atención los hombres y siempre había algún muchacho que me gustara, ya sea un cantante pop, un personaje de telenovela o alguno que otro compañerito de colegio. 

Mi primer beso lo recuerdo haber dado a los 4 o 5 años de edad, con un vecino del pasaje. Iba a su casa a jugar al 'Papá y a la Mamá' y siempre lograba convencerlo de que nos escondiéramos en la bodega de las herramientas o detrás de una carretilla. Allí lo agarraba a besos como los de las teleseries, con lengua y todo. Besaba rico.
Fuera de esa experiencia, yo no conocí a nadie que se interesara en mí hasta que apareció 'O'.

Fue el verano del 2002. Por las tardes me juntaba con mis amigas de la villa a conversar y pasar el rato. 

Una tarde en particular, dos niñas -hermanas menores de mis amigas- se me acercan y me extienden un Nikolo. 'Te lo mandó el 'O'' me dijeron. Yo quedé petrificada.

'¿Un chocolate para mí? ¡¿Y de parte de un hombre?!' mi cabeza se llenaba de preguntas mientras mis mejillas se ruborizaban completamente. Jamás un muchacho se había fijado en mí, o al menos nunca me lo había hecho saber.
Esa noche no pude dejar de pensar en lo que había pasado y, por primera vez, miraba al 'O' con otros ojos.

Al día siguiente, venía llegando a casa junto a mi familia y en lo que bajo del auto, las mismas niñas se me acercan y me dicen que 'O' quiere hablar conmigo, que va a estar en la casa de Francisco para que yo vaya.

No sé de dónde junté tanta valentía y partí a hablar con 'O'. 

Fue una escena muy tierna: Salió con una sonrisa amplia, pero vergonzosa. Me preguntó cómo estaba y esas cosas. No recuerdo muy bien lo que hablamos. Yo estaba muy nerviosa y me di cuenta que mi padre había salido a mirar dónde andaba.
Sólo recuerdo el momento mágico en el cual él hizo que mi infancia quedara atrás por siempre: '¿Quieres andar conmigo?'
Después de un tímido sí, vi a mi papá asomarse por el pasaje y le dije a 'O' que me tenía que ir. 

Se aproximaba la navidad y puedo decir que fue una de las navidades más lindas que pasé. A pesar de que mi padre se dio cuenta de que había un 'jote' dando vueltas y me restringió las salidas, era romántico estar asomada a la ventana esperando que pasara. Y él sí que se paseaba muchas veces por frente de mi casa. Muchas. Nuestras miradas se cruzaban furtivamente y mi corazón se llenaba de alegría. Me costaba creer que le gustara a un muchacho.

Pasamos así casi todo el verano. Para navidad él me regaló una caja de bombones con forma de corazón. 

'O' era un chiquillo tranquilo de 16 años. Pasaba todo el tiempo jugando videojuegos Nintendo. Sí, era perno y muy quitado de bulla. Era muy alto. Me gustaba su sonrisa. 

Un día le dije que fuéramos al supermercado a tomar helado. Nuestra primera cita. Escogí uno de los vestidos más lindos que tenía y partí. Hablamos un poco y yo seguía muy, muy tímida y nerviosa.

Después de comer helado regresamos a casa y me invitó a ir a la suya. Entramos y me di cuenta que estábamos solos. Fue incómodo porque no sabía qué hacer. Había una tensión sexual muy grande entre los dos y me aterraba la idea de dejarnos llevar. Muy respetuosamente le dije que me tenía que ir. Al salir, unos niños de la villa gritaron: 'El 'O' al fin dejó de ser virgen' y yo no podía estar más avergonzada. Corrí a casa.

Llegando Febrero mis padres me llevaron de vacaciones a la playa. No tenía contacto con 'O'. Pasaron los días y sólo pensaba en él. Una tortura.

De regreso a Santiago todo había cambiado: Me había llegado el rumor de que el 'O' estaba pololeando con una muchacha de otra villa. 

Esa fue mi primera desilusión de amor.

Evitaba encontrármelo por las calles y lo odiaba mucho, por no tener los cojones de decirme 'terminamos'.

Al poco tiempo dejó embarazada a esa polola y tuvieron una hija. Se graduó de Abogado y después de varios años comencé a saludarlo cada que nos topábamos en la calle. Ya no lo odiaba. No había razón... sólo fue un corto amor de verano.

Nunca nos dimos un beso...