19 de marzo de 2016

Un corazón enorme






A veces me pregunto, ¿por qué Dios me ha dado un corazón tan grande,
capaz de querer a aquellos que ya no están?
La desdicha de ver sus caras, recordar los momentos y que sean eso...
Sólo recuerdos.

Un corazón enorme que guarda cariños duraderos, de personas que ya fueron,
de personas que tienen sus vidas muy lejos de la mía. 

Y no creo ser la única persona que se pregunta
¿Acaso se acordará de mí?
¿Tendrá esas ganas guardadas de saber cómo estoy?
¿Sonreirá con el recuerdo de mi persona, sea cual sea que haya sido nuestra historia?

Amistades, viejos amores e incluso antiguos colegas de trabajo. Conocidos. Todos ellos.

Es que tengo la mala costumbre de encariñarme mucho y pronto, y a pesar de las decepciones, conservo lo más puro: el cariño propiamente tal.

Quisiera no tener un corazón tan grande
porque, son en esos momentos de soledad
cuando todos los fantasmas aparecen
y emerge la melancolía de los buenos tiempos pasados.


Un saludo a todos aquellos que, en algún momento de sus vidas, se cruzaron con la mía.